Daniela Liebman: Talento y Orgullo Mexicano


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“Cuando era más chica, la verdad nunca pensé que iba a tener el tipo de éxito que tengo ahora. Yo siempre quise ser pianista, pero nunca me imaginé que podría serlo a una edad tan temprana; me siento muy feliz.”

Por: Jesús Amezcua Castillo

Fotos: Cortesía familia Liebman. ©Derechos reservados familia Liebman

En el interior del Templo de la Compañía de Jesús, en Guanajuato, los rezos de algunas personas se han fusionado con la música. Daniela atiende las indicaciones de su padre, el violinista Rob Liebman, quien sentado en las escaleras del templete da la espalda al piano, mientras escucha con detenimiento la melodía que la pequeña de doce años ejecuta con precisión: cierra los ojos, su cabeza la reposa sobre la mano izquierda y se deja atrapar por el vaivén de las notas. Ella clava su vista en las figuras que sus dedos entretejen sobre el teclado; entonces, una melodía ancestral renace, se esparce por todos los rincones, es como un viento que pega con suavidad en el rostro.

 

Ambos están interconectados, en trance; pareciera que no hay nada más importante en ese momento. Apenas minutos más tarde, ella voltea con suavidad en busca de alguna respuesta sin detener el movimiento de su espalda y de sus hombros que acompasan la interpretación. Su sonrisa nos hace saber que ha dominado la pieza. 

Las personas aquí reunidas, sin saberlo, han tenido la oportunidad de presenciar un ensayo fuera de programa en el marco de la primera presentación de la artista en el Festival Internacional Cervantino. Algunos han grabado con sus celulares este instante en el más completo silencio. Quienes entraban en el recinto al principio se confundirían, pensarían que la música era una pista grabada para crear un ambiente sacro, pero pronto observaban a Daniela y quedaban absortos. Es el efecto que ella propicia cuando toca el piano: impone respeto; hace que la gente enmudezca y observe.

 

“Dios le ha dado un maravilloso don. ¡Qué hermoso!” La señora que sostiene un rosario no duda en expresar lo que cree, lo que siente. Y es que la intérprete sabe llegar a las emociones del público, sean o no conocedores del género clásico. Su fragilidad infantil se borra cuando se fusiona al instrumento para arrancarle piezas que conmueven, que emocionan, que nos dicen que la música transforma todo a su alrededor. La pequeña doncella del piano nos hace sentir la bondad que todos tenemos en el rincón más oculto de nuestra identidad.

Apenas el pasado mes de diciembre, Daniela Liebman fue nombrada por la revista Forbes entre los cincuenta mexicanos más creativos en la cultura y las artes, y por lo tanto, uno de sus rostros más influyentes en el mundo. Antes de cerrar el año, fue galardonada con el Premio Nacional de la Juventud 2014, en la rama de Expresiones Artísticas y Artes Populares. Recibió también el Galardón de Mejores Prácticas Creativas por su aportación al arte, entregado en su natal Guadalajara, en donde es reconocida como ciudadana distinguida. 

A su corta edad, ha tenido logros y reconocimientos que un pianista adulto tan sólo idealiza: ha pisado los escenarios más importantes de México y el mundo para vivir su sueño, y de momento, perfecciona su técnica y prepara futuras presentaciones. 

Conversar con ella es un honor y un placer, al tomar en cuenta su fama que no contrasta su humildad. Cuando se le tiene a un lado, a la escucha de las preguntas, suele estar sentada correctamente, con sus manos sobre las piernas y cada tanto su mirada se ilumina al recordar anécdotas que acompaña con su habitual sonrisa.

El origen de un sueño…

-¿Cómo que se llama tu abuelita, quien es también pianista y marcó una notable influencia en tu vida?

Se llama Joyce Liebman.

-¿Cuál es el recuerdo que tienes de ella, de la primera vez que la viste tocar?

-Pues tengo fotos donde mi mamá me sentaba en el piano; me quedaba ahí porque me encantaba escuchar la música que ella y mi papá tocaban juntos. Me emocionaba muchísimo y yo empezaba a mover las piernas. Me compraron entonces un piano porque vieron que me gustaba mucho el instrumento. 

-¿En qué momento la música dejó de ser un pasatiempo para ti y se convirtió en algo más serio, en una futura profesión?

-Cuando mi papá primero me compró el piano, a los cinco años, dijo: “Bueno, si no empezamos ahorita va a ser muy difícil que ella tenga oportunidad de una carrera profesional.” Entonces a mí me gustó el piano; y yo no creo que a esa edad lo tomé como una profesión. Como a los siete o a los seis, ya en verdad quería ser una pianista. Bueno siempre… desde los tres años, pero era más como un sueño porque aún no tocaba bien. Ya a los siete u ocho, me volví muy seria y empecé a practicar más horas. 

-Si te parece bien, mencionaré a algunos de tus profesores y me gustaría que me dijeras cómo los recuerdas. Raquel González:

-Pues es muy buena gente, buena maestra. Me empezó a dar clases desde los cinco años y acabó dándome clases hasta los siete. La conozco muy bien, nos vemos muy bien.

-Anatoly Zatin:

-Es un maestro ruso que vive en Colima. Fue mi maestro como por cuatro o cinco años; muy bueno. Él fue como mi maestro principal.

-Carolina García Trejo:

-Ella me daba clase de solfeo. Muy buena gente, muy buena persona, muy linda. Y me dio clases como por cuatro años.

-El maestro, Lang Lang:

-Tuve algunas clases con él. Es un pianista espectacular y también un maestro muy bueno. Me encantó escucharlo en vivo, es uno de mis pianistas favoritos. Me gusta mucho.

-Tamas Ungar, quien actualmente es o será tu maestro, ¿verdad?

-Correcto. Estoy estudiando con él en Texas, es un maestro espectacular. Está en el grupo de los mejores del mundo. Es húngaro y es increíble cómo da clases, me encanta su estilo de enseñar. Tiene tres estudiantes que hicieron la competencia de Van Cliburn International Piano Competition. El año pasado, rompió el récord de tener tres alumnos en este concurso y entraron a las semifinales. Es un maestro reconocido en todo el mundo y me encanta que ahora sea el mío. Me siento muy suertuda por tenerlo; es un ser humano espectacular.

Los deberes escolares…

-Has dicho con anterioridad, en algunas entrevistas, que sueles practicar de cuatro a cinco horas por la mañana, y que tienes un programa especial de estudios denominado home school. ¿Se mantiene a la fecha este margen de estudios o varía?

-Sigo teniendo clases de home school porque es bastante difícil llevar la escuela normal, ya que me quita un poco de tiempo para practicar; no es tan fácil viajar. El home school es más fácil para lo que yo quiero ser en la vida. Practico como cinco horas diarias.

-¿Aún divides tus días de la semana entre Guadalajara y Colima?

-No; como ya dejé de estudiar con Anatoly Zatin, pues ya nos vamos a mudar a Texas y va a cambiar mucho mi vida. Yo creo que como mi maestro se va mucho a China, donde lo ven como un Dios, entonces cuando eso pase nos vamos a regresar a México. Así que no nos vamos a mudar completamente por allá, aunque sí estaremos la mayoría del tiempo.

-Del programa de estudios escolarizados que una niña de tu edad estudia, ¿qué materias te gustan más?

-Pues las Matemáticas sí se me hacen más fáciles porque mucha de la música tiene que ver con ella. Aparte, estudiar música también ayuda a la escuela. 

Reconocimientos, concursos y presentaciones internacionales…

-De todas las competencias que has tenido, ¿en cuál de ellas pensaste que tal vez no ganarías o no te iría muy bien? 

-Pues yo creo que, ¡mmm!, en dos ocasiones. Una en California, en The  International Piano Competition; ahí gané el primer lugar y me sorprendió mucho porque la verdad es que el nivel de talento ahí era increíble. Cuando primero lo vi, ¡no podía creer que había ganado! La segunda sería Lang Lang, que tuvo una competencia en noviembre del año pasado e invitó a doce niños de todo el mundo. Me fui a Múnich a tocar con él. Era como en internet: todo mundo subía videos y luego seleccionaban cincuenta de ellos; de ahí seleccionaban doce. Cuando aparecí entre los cincuenta, me emocioné muchísimo. La verdad es que todas las demás personas que estaban en la audición eran muy buenas; así que no pensaba que podía ganar. Fue una gran emoción. Había trabajado muy duro para estar en la competencia y me dio gusto ganarla: pude ir a Múnich para tocar con Lang Lang. 

-Has sido la mexicana más joven en presentarse en el Teatro Degollado de Guadalajara, en el Carnegie Hall de New York y en el Palacio de Bellas Artes. De esas presentaciones en concreto, ¿cuál es la más especial para ti o todas tienen el mismo peso?

-Son diferentes. Esos tres teatros son increíbles la verdad. Carnegie Hall fue algo espectacular porque el nivel de los pianistas que han tocado ahí es increíble, son dioses de la música. Bellas Artes es mi país, el teatro está hermoso y el nivel de talento que ha estado ahí es bastante increíble. Me encantó tocar ahí. Y Degollado… yo ya había crecido toda mi vida viendo el escenario, viendo a la gente que se presentaba; era uno de mis sueños tocar. Cuando finalmente lo hice, me dio mucha alegría. Estaba muy feliz. Los tres escenarios me han fascinado.

-¿Qué recuerdas del público, suele tener las mismas actitudes o cambia?

-Definitivamente, cambia, dependiendo en dónde tocas, en qué festivales, en qué lugares. A veces, el público sabe un poco más de música y a veces no tanto. Pero de todas maneras van a los conciertos a escuchar la música que yo toco. Así que varía mucho.

-En tu joven carrera has obtenido diversos reconocimientos, como el Premio de la Fundación jalisciense Pedro Sarquis Merrewe, y nombrada ciudadana distinguida de Guadalajara. ¿Qué significan para ti estas distinciones?, ¿qué pasa por tu mente al recibirlas?

-Me alegra mucho tener los premios, me siento muy honrada. Quisiera agradecer a toda la gente que me apoya: a mi país, a la prensa, a mi familia, a mis amigos, a la gente que va a mis conciertos. Sin ellos no estaría aquí. Cuando era más chica, la verdad nunca pensé que iba a tener el tipo de éxito que tengo ahora. Yo siempre quise ser pianista, pero nunca me imaginé que podría serlo a una edad tan temprana: me siento muy feliz de serlo.

La herencia de Mozart en su corazón…

-Sé que uno de tus ídolos musicales es Mozart. ¿Crees en el llamado ‘Efecto Mozart’?

-Yo creo que sí. Aunque mi papá y mis abuelos era músicos, y llevo un poco de eso en la sangre, cuando mi mamá estaba embarazada se ponía audífonos en el vientre, y yo escuchaba “Yo-Yo Ma”, siempre.

-Ella es Efecto Mozart-, ataja su madre, quien nos acompaña en la charla.

-¡Así que eres Efecto Mozart!, ¡muy bien!

La risa de Daniela en verdad es contagiosa; asiente en forma pícara como si hubiera cometido una travesura:– De bebé, me dormía con “Yo-Yo Ma”, y yo creo que eso me ayudó muchísimo.

-¿Qué otros artistas, muy aparte de la música, admiras? ¿Tal vez escultores, pintores? 

-La mayoría de los artistas son de la música. Aunque admiro a Frida Kahlo, me gusta su obra. También admiro a personas como Leonardo Da Vinci. Personas como ellos…

-Así que admiras a genios…

-Sí, genios… 

-Tú estás en la misma categoría. Te consideran una niña prodigio, y yo también creo eso.

Gracias

Su sonrisa aparece de nuevo; acaricia su cabello y se reacomoda en el sillón.   

-He notado que cuando interpretas tu música estás en trance, absorta. Sueles concentrarte tanto y da la impresión de que te vuelves otra persona. ¿Cómo puedes describir esa energía?  

-Cuando subo al escenario se requiere mucha concentración. No es fácil concentrarse por completo; hasta por un periodo de dos minutos es bastante difícil. Tú lo puedes intentar; tienes que aprender a hacerlo porque es fácil que te distraigas. Yo creo que depende de la pieza y de lo mucho que está pasando por mi mente. Por ejemplo, si es una pieza muy lenta, muy hermosa, que la conozca muy bien, me puedo dejar ir un poco más. La puedo disfrutar demasiado sin que me desconcentre. Hay otras piezas que son más difíciles técnicamente, donde me debo concentrar más en ese aspecto. De todas maneras, debo disfrutarlo y divertirme con la pieza, que también es bastante complicado. También es complejo porque tienes que dividir tu energía entre todas las piezas. A veces, como que le das un poco más a una y luego se queda un poco menos para la otra. Así debes tener toda la energía; tienes que estarte preparando desde hace mucho para no hacerlo de una manera mecánica, pues luego no funciona. La verdad es que yo disfruto tocar mucho en el escenario, enfrente del público, así que normalmente estoy disfrutando la música.

-Daniela, ¿no tienes aún composiciones personales?

-No.

-Así que sólo interpretas…

-Sí; a lo mejor un día voy a componer algo. Pero, por lo pronto no.

-¿Cuándo vamos a escuchar un disco tuyo: Daniela Liebman interpreta a…?

-No sé. Pronto me gustaría tenerlo, pero yo te aviso cuándo sí.

-Muy bien, estaré atento. Dime, ¿cómo cuidas tus manos, qué cuidados especiales tienes? 

-¡Ahhhmm!, bueno, pues no puedo jugar con pelotas: ni voleibol, ni basquetbol, nada de eso que involucre algún peligro para las manos. De hecho, tampoco uso cosas con ruedas. Por el voleibol, por andar jugando, me lastimé los dedos y durante dos meses no pude tocar. Entonces, desde ahí dijimos: “no, no, ya no más pelotas.”

Creencias, gustos y diversiones…

-En las presentaciones te vemos siempre con tu medalla de la Estrella de David. ¿Te consideras una niña religiosa?

-No tanto, pero es más como la buena suerte.

-¿Crees que sin tu medalla no podrías tocar de la misma manera el piano?

-No necesariamente, pero la he tenido en casi todos mis conciertos. Mis papás me la regalaron, es tipo como un amuleto.

-¿Un tanto también como por vocación religiosa?

A lo mejor un poco, sí.

-Daniela, ¿crees en Dios?

-Sí creo en Dios, pero es más bien como una prenda que es importante para mí, que guarda recuerdos.  

-Sé que entre tus pasatiempos favoritos está el ajedrez, surfear y el ballet. ¿Ya no continuaste con éste último?

-No, pero me gusta mucho verlo e incluso bailar a veces, aunque ya no lo hago. Me encanta también leer, estar con mi familia, jugar con mi perro.

-El cual se llama ‘Chéster’.

-Así es, ‘Chéster’.

-¿A qué raza pertenece?

-Es un Pug, tiene como cinco años. 

¿Es la única mascota preferida que tienes?

-Sí, Chester es el que se ha quedado. Tenía un chihuahua que se llamaba ‘Max’, pero se lo regalé a mi tía que tiene cinco chihuahuas y lo quiere mucho; pero me enamoré de ‘Chéster’: es parte de la familia.

-Me enteré que te gusta leer mucho sobre los temas de terror y lo sobrenatural, ¿verdad?

-Sí, sí, me divierte mucho eso.

-¿No te espantas? ¿Sí puedes dormir bien?

-Sí, pero como que las películas son demasiado visuales para mí. Porque ahí, con eso no.

-¿Así que no te gusta ver esas películas?

-No, no, de terror no. Pero en los libros me gusta la tensión y todo.

-Dentro de la música clásica, Paganini fue muy relacionado siempre con lo sobrenatural. Se dice que hizo un pacto con el diablo, ¿tú crees en eso?

-A mí me encanta Paganini.

-Ya que lees sobre esos temas de terror, ¿crees en la posibilidad de que un músico pueda canjear su alma por inspiración y talento?

-La verdad es que no creo tanto en la ficción así, pero algo de la música de Paganini es muy dramática, y a lo mejor algo de eso lo inspiró, pero no creo que haya tenido un demonio en él.

-A tu edad, doce años, ¿tienes algún temor, alguna fobia?

– ¡Ahhh!, no.

-Los niños tienen algunos temores, ¿no es tu caso?

-Bueno, yo creo que miedo sí, pero más relacionado a no tener éxito en alguno de mis conciertos. Eso es algo que no puedo controlar.

-¿Una especie de temor al fracaso?

-¡Ajá!; a lo mejor porque estoy practicando, practicando, practicando para ofrecer tal vez una hora y quince minutos. Son horas y días, y semanas y meses, años de práctica para un concierto. Naturalmente, te da miedo que no te vaya a salir bien. Pero eso lo corriges con mucha práctica y sintiéndote confortable con las piezas.

-¿Qué has dejado de vivir de manera normal o sacrificado para ser una figura de la música clásica?

-Pues, por ejemplo, depende de qué hablas como normal porque normal para México tal vez sí, pero no para otros países. Hay muchos otros niños como yo que quieren ser pianistas y que están trabajando muy duro para ser músicos. La verdad es que cuando estoy con ellos me siento normal, no siento que sacrifiqué algo. Porque creo que para ser lo que sea, debes sacrificar algo. Nada es gratis en la vida.

El futuro de la música clásica para las nuevas generaciones en México…

-¿Por qué crees que la música clásica no es tan escuchada por la mayoría de la gente en la sociedad mexicana? 

– Yo no sé por qué. La verdad es que cuando escucho música clásica se me hace lo mejor. Me he fijado que en México no se escucha mucho; creo que eso puede cambiar. A mí me da gusto ver a niños en mis conciertos: me da mucha alegría que vayan ahí y lo disfruten. No sé, creo que nada más es la sociedad. Por ejemplo: si no creces con esa música, si no te la ponen, a alguna gente se le hace aburrida o no le gusta tanto como la música que ellos escuchan normalmente. Creo que poniéndoles más música a los niños en las escuelas o en sus hogares, eso ayudaría mucho en el país. La verdad es que los niños son el futuro de México y la música puede ayudar mucho.

-Tú que viajas por el mundo y tienes distintos escenarios de la sociedad, ¿cuál consideras que es el problema más fuerte que enfrenta la niñez mexicana?

-Creo que en mi generación los niños están demasiado involucrados en la televisión, en los videojuegos. Podrían hacer algo más provechoso como tocar algún instrumento, que es lo que yo prefiero. Creo que es uno de los grandes problemas en mi generación; si ahorita ves: ¡hay muchos niños con el celular! Y no estoy diciendo que no lo hago, pero no excesivamente; no estoy todo el día ahí. Suelo practicar, leer, convivir con mi familia y disfrutar de algo más que no sea estar en el teléfono. 

-Tú que eres una artista, dime, ¿qué cura, qué sana la música? O mejor dicho, ¿qué puede hacer la música por las personas?

-La música puede hacer muchas cosas: puede provocar sentimientos, puede cambiar vidas, como en mi caso. La música es algo increíble, la verdad. Mucha gente debería darle a ella más oportunidad, especialmente a la clásica. No sé por qué mucha gente cree que es aburrida o que no le gusta. Creo que todo puede cambiar si se pone más música clásica a los niños. Por ejemplo: mi mamá me ponía “Yo- Yo Ma” de Mozart, todas las noches, cuando me iba a dormir. También crecí escuchando a mi papá tocar el violín. Si no hubiera crecido en ese ambiente, es probable que a mí tampoco me hubiera gustado la música tanto como me gusta ahora. Si no le das una oportunidad, se están perdiendo de algo muy increíble e importante. Yo creo que deberían darle una oportunidad al menos una vez, pues no puedes decir que no te gusta algo hasta que lo has intentado.

Daniela Liebman prepara una serie de presentaciones en Estados Unidos y México para este año. Si ustedes no han tenido la oportunidad de escucharla, les recomiendo que estén pendientes del mes de octubre, pues los días 9 y 11, será acompañada por la Orquesta Filarmónica de Jalisco, en el Teatro Degollado de la ciudad de Guadalajara, para interpretar obras de Chopin. Puebla será la sede donde ofrecerá, el 5 de noviembre, un recital denominado La Ciudad de las Ideas 2015. Sin duda, Daniela representa las buenas nuevas que de México se pueden conocer en el mundo. Ella es motivo de orgullo y satisfacción, una artista que ha logrado trascender gracias a su disciplina, entrega y amor por la música. 

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