¿Quién soy?


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Por: La Marquesa de Buenavista

Yo soy la Marquesa de Buenavista, última descendiente de un linaje de prosapia y rancio abolengo. Mis quince nombres y mis otros seis títulos nobiliarios los omito, porque no quiero que cualquier barbaján, que con trabajos terminó la secundaria y mal teclea, que se moleste por lo que escribo, me vaya a localizar y a agredir, sin usar las pocas neuronas que la naturaleza le dio y el Altísimo no le ha activado. No lo hago por miedo, sino porque quiero evitar los corajes y que la presión se me suba.

Mi familia, en sus orígenes, se forjó en tierras de la provincia española de Badajoz, en lo que ahora algunos independentistas llaman comunidad autónoma de Extremadura. Durante el siglo IX, mis antepasados lucharon contra la ocupación musulmana de esas tierras, aunque mi bisabuela decía que ya en tiempos de los visigodos nuestra familia había participado en actos heroicos y tal vez hasta míticos, tras los cuales se establecieron en la colina de “Cabezo del Monturio”. La oscuridad legendaria se encuentra en los albores de mis blasones. Somos nobles de origen y tradición, no como esos advenedizos que ahora pululan, y porque tienen algo de dinero, se creen de otro nivel social y hablan de manera ridícula. La gente bien nacida y con educación, utiliza el idioma con propiedad y sin “estilitos” que causan risa.

Siglos más tarde, una rama de la familia emigró a las Américas, donde hicieron fortuna y acrecentaron el prestigio solariego; motivo por el cual, el ilustre Rey de España, Su Católica Majestad, Felipe II “El Prudente” (a quien por cierto debemos, por obra y gracia de Nuestro Señor, la unión de España y Portugal, bajo un solo cetro, y que más tarde se amplió hasta Inglaterra e Irlanda, tras su matrimonio con María I), otorgó a la cabeza familiar el título de “Marqués de Buenavista”, con tierras y heredad en lo que ahora llaman Michoacán, tierra de los “Caballeros Templarios” (éstos quieren imitar mis títulos nobiliarios).

Como señalaba mi abuela, cuando, en 1810, la plebe se sublevó contra el poder temporal y divinamente instituido, siguiendo el ejemplo de los rebeldes franceses y los ambiciosos y expansionistas gringos, mis antepasados regresaron a Europa. Esta vez para instalarse en un castillo, en las proximidades del actual Principauté de Monaco, Principado de Mónaco, para que me entiendan quienes cursaron la educación básica en escuelas oficiales; pero a estas tierras americanas no pudo haberles ido peor (“en el pecado se lleva la penitencia”): tuvieron décadas de luchas internas por el poder. Bien dicen que entrega un bien a un ignorante, y al poco tiempo te rendirá pésimas cuentas.

Desde ese lugar europeo, mis antepasados siguieron la triste historia del país: las luchas de unos mexicanos contra otros, y las incongruencias políticas de que hacían gala. Por qué nunca se dice que el líder de los liberales, tantas veces alabado, estableció convenios con los yanquis, con el propósito de tener apoyo y armas, ofreciendo la licencia para construir un canal en el Istmo de Tehuantepec Lo bueno es que los norteamericanos estaban tan enfrascados en su guerra civil, que se les olvidó exigir el cumplimiento del acuerdo; o que el mismo personaje fue el culpable de la destrucción de la mayor parte del patrimonio cultural del país, pues con sus leyes propició que se derribaran joyas arquitectónicas virreinales, y todo por su pleitos con la Iglesia. También se les olvida que los liberales decimonónicos consideraban a los indios un obstáculo para el desarrollo nacional.

Mientras tanto, el otro bando, volteó la mirada a la cuna de la civilización, a mi amada Europa, y fue a suplicar se enviara un príncipe rubio y aristocrático para que gobernara y civilizara estas tierras. Así llegó el coscolino, pero guapísimo, Fernando Maximiliano José María de Hasburgo-Lorena, junto con su ilustre consorte, María Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia Coburgo y Orléans Borbón Dos Sicilias y de Habsburgo Lorena (tenía tantos nombres ¡casi como yo!), o simplemente la Emperatriz Carlota (como le dicen los profesores de primaria a sus alumnos), que de loca tenía poco, pues hasta el cuerno le puso al hermoso emperador, y quedó embarazada de un soldado. ¡Pero la chusma mató a su Real Majestad, en el Cerro de las Campanas! Cancelando, otra vez, su oportunidad de ingresar al mundo civilizado.

Y no conformes con lo vivido, se enfrascaron en una nueva revuelta, poco antes de que yo naciera. La chusma enardecida se levantó contra la aristocracia, por lo que el general Díaz tuvo que exiliarse en París. ¡Así le compensaron los casi treinta años que dedicó para tratar de civilizarlos, trayendo lo mejor de la cultura francesa, así como modernizando al país con vías de comunicación y mejorando la economía nacional, mediante la extracción del petróleo! ¡Ingratos! Murió en la Ciudad Luz y está sepultado en una triste capilla, cuando bien se merecería un mausoleo en el Paseo del Emperador, esa bellísima avenida que ahora los mexicanos llaman Paseo de la Reforma. Este es el “país de las reformas”, pero nunca se concluye algo. Por cierto, si lo denominan “de la Reforma” ¿por qué ninguna de sus glorietas está dedicada a celebrar algún acontecimiento o a homenajear a algún personaje de ese período? Incongruencias de los mexicanos.

Como decía, en esa época yo nací en el castillo medieval donde vivía mi familia, en el año de 1915, por lo que recién cumplí 100 años, aunque mi mente está tan lúcida como cuando tenía 20 años. Debe ser porque mi linaje genético es superior, porque no creo que, como dicen los zafios, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Para que me entiendan, y como dice el vulgo: nací, crecí y he vivido entre sábanas de seda.

Nunca asistí a una escuela, junto con otros niños, mi noble origen no me lo permitía: no podía rozarme con cualquiera. Siempre fui educada, en las ciencias y las artes, por maestros particulares. Astronomía, letras, política y artes, eran mis materias favoritas, aunque sobresalí en todas las áreas de conocimiento humano.

Si bien tuve muchos pretendientes, cuando llegué a la edad de merecer, nunca consideré que alguno de ellos estuviera a mi altura; es más, varios sólo buscaban mi prestigio o mi fortuna. Duques, condes, embajadores, y otros personajes de la nobleza europea pasaron por mi residencia, pero ninguno cubrió mis expectativas. La estirpe y la genealogía hay que cuidarla ¡hay tantos arribistas, que porque tienen dinero ya quieren compararse con nosotros los nobles! ¡O te resultan “mujerujos”, como decía mi amiga “La Doña”!

En la década de los años 40, del siglo pasado, vine a vivir a México, con el propósito de recuperar las propiedades familiares; pero acababa de concluir un sexenio, donde se había dado la puntilla a la “gente de bien”: se desmantelaron sus propiedades y se entregaron sus tierras a gente que apenas sabía cómo se llamaba, ¡y ahí están los resultados!, los actuales campesinos no saben cultivar la tierra (o no quieren y emigran a Estados Unidos), y se tiene que importar maíz del extranjero. Como dicen los que saben de esto: es una paradoja que México tenga que comprar el grano al extranjero, cuando el maíz se originó aquí.

Ante esta situación, renuncié a recuperar las propiedades que por derecho real me pertenecían, y me compré una casita en San Ángel, porque “San Ángel es San Ángel”; no iba a vivir en una de esas unidades de “interés social”, donde se hacina la plebe, y que son muestra del mal gusto; o en uno de esos barrios, como ése que lleva el nombre de un rey texcocano, que no recuerdo su nombre. ¿Me imaginan en el Paradero de Pantitlán? Estar entre la mugre, las fritangas y tanta gente… ¡Ni pensarlo!

Finalmente, quiero comentar que cuando uno de mis vecinos me comentó que se iba a publicar una revista, en la que aceptaban colaboradores, me emocioné, ya que a mí siempre me ha gustado escribir. Y heme aquí, tecleando en mi laptop para registrar algunas ráfagas de vida, como digo yo, condimentadas con algo de imaginación; escenas de amor y desamor que vive la gente cotidiana, la que vemos todos los días, para que me entiendan.

Espero que nadie se sienta aludido con lo que escribo, pues como acoté en la presentación, que espero hayan leído, las historias siempre son las mismas, se repiten, y sólo cambian los nombres. Es más quien se sienta aludido, considérese afortunado porque una Marquesa lo ha tomado en cuenta. No se hagan mala sangre, y disfruten, porque su vida es breve, ya que su carga genética no da para muchos años.

Me van a tener que disculpar, pero tengo que ir a misa de doce, a “La Profesa”, pues es el aniversario luctuoso de mi íntima amiga, la Duquesa de A…, voy a rezar por su eterno descanso y para que Nuestro Señor le dé el consuelo a su viudo, que todavía está de buen ver, y le envíe otra dama que lo acompañe el resto de sus días.

… … …

Está bien jovencito, ésta es y será la única vez que le contesto una pregunta que no esté en su cuestionario, desde un inicio.

Ya le he dicho, y le reitero, que mis relatos son ráfagas de vida, instantes en el devenir cotidiano de las personas, sin importar su condición social.

A través de mi longeva vida, he aprendido a observar a la gente y a intuir el por-qué de sus conductas; por eso, en mis escritos trato de plasmar lo que veo, sin prejuicios, sin emitir juicios de valor: TODO ES VIDA y así lo veo.

¿Qué si yo he vivido lo que escribo? ¡Cómo cree eso!… Cierto personaje, cuando le preguntaron si sus textos eran autobiográficos, respondió que si así fuera necesitaría vivir mil vidas. El escritor es un observador de su tiempo, que sazona sus páginas con algo de imaginación, si no sería un historiador.

Lo que sí, es que trato de conservar la manera de hablar de las personas, aunque vaya contra las reglas de la Academia; esto le agrega sabor y verisimilitud a los relatos. También le reitero que no retrato a nadie en particular: los seres humanos respondemos de manera semejante ante situaciones similares.

¡Bueno ya me cansó! ¡Adiós!

(Recuerden que cada viernes pueden leer mis narraciones en La Bombilla.)

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Comments 4
  1. Sofía

    Me pareció fantástico conocer más de cerca a esta mujer, un texto maravilloso para conocer más y Super divertido, ya quiero que sea viernes otra vez

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  2. isabel Escamilla

    Queridas editoras de la Bombilla gracias por satisfacer la curiosidad de sus lectores. No sabia que tenian entre sus colaboradores alguien de tan ilustre prosapia , su estirpe y rancia aristocracia me han dejado apabullada, me pregunto cómo ha de ser y aunque menciona a la Doña y a una duquesa de A… con quienes se codearå? porque no ha de ser con el lechero, que ya ni existen, el carnicero o el de las verduras, ahora estoy más intrigada.
    Bueno mientras rscriba… reitero mis felicitaciones por contar con tan ilustre escritora

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  3. Perez Bautista Abigail

    Interesante forma de redactar la vida cotidiana en otro tiempo e importancia.
    La imaginación es la mejor amiga de un escritor, redactar y hacerte vivir una época distinta remontar una estructura a lo largo del tiempo, hacer comparaciones en tiempo y forma así como ideológicas es verdaderamente agradable, se agradece pues uno viaja en el tiempo al tiempo de la que la lectura.
    Saludos.

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  4. Barreto Gonzalez Ameyalli

    Muy buena su manera de redactar la forma de vida de los antepasados.
    Llama mucho la atención y te mantiene atento.

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