De Pinky y Cerebro al smarthphone


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Por: Aleck D´Ortal.

Foto: Click, MorguenFile

Es tan bonito ser niño, de lo único que debes preocuparte es la escuela y que te dejen salir a jugar con tu mejor amigo. Claro que hay todo tipo de situaciones, el mio siempre fue un poco complicado, en la escuela no era precisamente un alumno de “dieces” pero por esta ocasión no hablaré de mí.

 Lo que sí puedo decir es que mi infancia fue la mejor, podría jugar con mi primo de la misma edad, cosas que un niño amaba, las “estrais”, futbol de calle, béisbol de calle (siempre y cuando no rompiéramos algún vidrio…), tocar los timbres de los vecinos y salir corriendo, la fabulosa avalancha o el patín del diablo, o el juego que mi primo inventó, el cual nunca entendí, pero se trataba de buscar cosas que un tío maldoso había escondido en toooodo el patio, encontrarlas y el que hubiese encontrado más cosas le daban un dulce.  Por supuesto, adivinen quien encontraba más cosas, si, ese era yo. 

Lo bueno de tener primos y primas más grandes que tú, es que puedes jugar con ambos, también jugaba a la comidita, a los doctores, y las carreras; pero regularmente, siempre me regañaban por cortar las plantas, inyectarle agua al perro, o a las plantas, o hasta ponchar las llantas de los coches de mis tíos…  Era un poco peligroso, así que me dejaban jugar en la casa, sin romper nada, lo cual era bastante difícil, siempre me educaron a la antigua, mi madre con una mirada vigilaba mis movimientos y sobretodo, controlaba cada uno de ellos y, si no le obedecías pfff!!!, ya sabias que llegando a casa tenías una nalgueada, regañada y bueno, una situación increíble. 

En aquellos ayeres, no había iPad, computadoras, internet, o wifi; lo máximo, era la TV, así como salir a jugar al patio; entonces, en esa escala estaban los castigos como por ejemplo: por sacar malas notas o calificaciones, simplemente no te dejaban ver la televisión por aproximadamente una semana, si habías hecho alguna “travesurilla” no te dejaban salir en un par de semanas o, hasta que se le olvidara a mamá; sin embargo, ahora los niños tienen un poder impresionante sobre los adultos y que decir, sobre sus padres. 

Hoy, una madre de familia tiene más miedo por los smartphones y tablets que por sus hijos, así es; la batería de éstos dispositivos debe de estar completa y sobre todo porque ellos hacen la función de nanas, ellos entretienen al niño con películas, caricaturas, series de TV, juegos, etcétera; mientras la madre, puede hacer mil un cosas sin necesidad de ver al hijo, obviamente cuando al pequeño crío lo invitas a sociabilizar, pues en la vida lo hará o como en muchos casos, solo lo hará por un momento y posteriormente cuando el teléfono o Tablet se haya recargado, el pequeño individuo volverá a su rutina de juego o entretenimiento.

Y por eso nos preguntamos –por qué cuando vamos a casa de la abuela, no convive y se la pasa jugando en la tablet?- es muy simple, porque a pesar de usar la tecnología a nuestro favor, la tecnología está jugando con nosotros.  Dependemos (me incluyo), de un aparatito el cual es extremadamente importante para nosotros porque sin éste, no tenemos agenda, no podríamos comunicarnos de manera verbal o escrita, el crío estaría insoportable, no podríamos llegar a nuestro destino, o encontrar una dirección, no podríamos hacer cuentas (por extraño que esto parezca), no podríamos estar cerca de nuestros seres queridos, no podríamos identificar canciones, o realizar alguna transacción bancaria, o buscar algún artículo que deseamos comprar o simplemente revisar el e-mail.  Bien dicen que el celular es como el refri, sabes que no hay nada, pero aun así lo revisas…

La niñez de hoy en día, no se compara con la de su servidor; mientras nuestra generación, se ensuciaba, corría, sudaba, se caía, lloraba, escalaba y hacia berrinche por salir al patio a jugar con los vecinitos, primos y “amigos”, romperte el pantalón por jugar futbol, rasparte los brazos por caerte involuntariamente de los patines porque simplemente no das una; nuestros contemporáneos están preocupados porque no han pasado el nivel 74 de “Candy Crush” o por que se quedaron “sin vidas” en un jueguito, o bajar el “Super FIFA” y echarle la culpa a “Cristiano Ronaldo” por no haber metido ese gol; o peor aún, porque sus padres no les compran un iPhone y no quieren seguir usando el “Juawey” y todo porque su amigo Juan si trae uno de esos…

Wow, que cambios!!!  A quién no le gustaría ser de nuevo un chaval, que sólo realizaban la función de levantarse para ir a la escuela temprano, obedecer a sus padres, socializar con tus primos, hacer travesuras, ver tele todo el día en vacaciones, ir a jugar una cascarita, cuidar al perro y enseñarle “trucos” o, simplemente aprender a construir un túnel de lodo para que los cochecitos puedan pasar y puedas seguir jugando con tus primos y/o amigos, así como en el último de los casos, no ensuciarte la ropa, al puro estilo del “chavo del 8”.

Estos chicos de nuestros días son tan extraños, están más preocupados por la batería del celular que por corroborar si se pusieron correctamente los tenis, o si se subieron el zipper; lo bueno de todo esto es que, ya tenemos quien nos enseñe a usar cualquier y, si leyeron bien, CUALQUIER aparato electrónico.  Pues eso lo entienden súper rápido, lo que me recuerda que debo pedirle a mi sobrino para que me configure la computadora, porque él le entiende más rápido a ésta tecnología…

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