El inmortal Pedro Infante. Se cumplen 59 años de su partida


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Por: Jesús Amezcua Castillo

El inmortal PI 1

Pedro Infante Cruz nació un 18 de noviembre de 1917, a las dos y media de la madrugada, en el domicilio ubicado en la calle Constitución número 88, en el puerto de Mazatlán, Sinaloa. Sin embargo, el propio artista haría referencia a la ciudad de Guamúchil como su cuna de origen. De seguir entre nosotros, tendría noventa y nueve años de edad. Es probable que ya hubiera fallecido, pues casi todos sus compañeros de la época ya no existen físicamente; pero antes de partir nos habría acostumbrado a una imagen muy diferente a la que recordamos.

Obviamente, ya no luciría como le recordamos en sus películas: con esa gallardía natural y ese físico de atleta. No mantendría su agilidad de hombre intrépido y aventurero. Ya no le acompañaría aquel brillo característico en su mirada con el que enamoraba a las mujeres. La voz con la que interpretara variados estilos musicales estaría marchita. Sería un viejito bonachón, mermado por la diabetes que ya le afectaba en sus años de reluciente astro cinematográfico. Completamente calvo, ya no tendría necesidad de aquel bisoñé que le confeccionaran para ocultar la ausencia frontal de cabello. Quizá se apoyaría en un bastón o usaría silla de ruedas para soportar el peso de su cuerpo encorvado.

Su presencia cinematográfica se habría convertido en imagen de archivo para estudios posteriores de la Época de Oro del Cine Mexicano, pues toda vez en el retiro, se habría dedicado a la producción cinematográfica o a la dirección escénica. Al menos, eran así sus planes a futuro, luego de que su fama, como él lo creía, se desvaneciera, y los admiradores le dieran la espalda para encumbrar a nuevos ídolos en la industria del entretenimiento. Sería famoso, cierto; aunque correría el riesgo de protagonizar el elenco de una telenovela o ser juez en un concurso de cantantes.

El inmortal PI 2

Pedro afirmaba que en el mundo del espectáculo algunos aspectos eran superficiales y efímeros; por ello, decidió aislarse de la artificialidad de ese medio y procuró nunca cambiar su habitual forma de ser. Quienes lo conocieron afirman que no perdió el piso cuando su cuenta bancaria se incrementó al instante en que sus películas y canciones se volvieron exitosas. La fama se le vino de golpe, pero se mantuvo como un hombre del pueblo, a veces amedrentado por su propio brillo, como si se sintiera culpable de ser el ídolo del momento. Él pensaba que dicha situación era pasajera; ya ocurría así con ciertos actores de la época que filmaban un puñado de buenas películas y luego desaparecían discretamente.

Además, Infante no era ajeno a las acusaciones de los críticos cinematográficos que aseguraban que era un simple carpintero venido a más: un simple experimento ‘populachero’ de Ismael Rodríguez, quien le dio la escuela interpretativa de cara a las pasiones del pueblo. Por tanto, no podía ignorar los ataques de algunos periodistas que le desdeñaban por no obtener el codiciado premio Ariel, al no considerarle un actor serio.

Quienes lo trataron en foros de grabación, caravanas artísticas y estudios de radio, hoy nos dicen que era el mismo provinciano a quien le daba por gastar bromas como si nada alterara su vida. Pues, al final de todo, él era afortunado por gustarle a su público; aunque en ocasiones llegó a incomodarse con la fama que no le permitía ser del todo libre: su imagen no pasaba inadvertida si se aventuraba a caminar en algún lugar y la gente se le abalanzaba en busca de un saludo, autógrafo o un beso.     

El inmortal PI 3

Pedro fue un niño humilde que comenzó a laborar en diversos quehaceres hasta llegar al de carpintero; “Era el oficio de Cristo”, solía decir con orgullo. Contribuyó a los gastos de la familia y fue atraído al mismo tiempo al mundo de la música, pues su padre, don Delfino Infante, era músico de profesión. 

Avanzado algunos años, incursionó en la Orquesta La Rabia de Culiacán, conjunto en el que aprendió el dominio de la batería, la guitarra y la dirección; también tocaba piano, violín, guitarra hawaiana y cultivó una mente lúcida que le permitió memorizar las letras de las canciones en cuestión de segundos. En busca de mejores aspiraciones económicas, decidió viajar a la capital del país en compañía de su novia María Luisa León.

Si pensaba que en la gran urbe las cosas eran más sencillas e inmediatas, un cuadro de pobreza muy pronto le hizo constatar lo contrario. Rechazado de audiciones radiofónicas enfrentó descalabros dignos de matar la aspiración artística de cualquier hombre. Logró sobreponerse, tuvo que estrechar relaciones y educarse la voz para pedir una nueva oportunidad en la radio; más tarde, obtuvo un contrato discográfico que lo llevó al cine. Todo en ese orden.

El inmortal PI 4

Su nombre, entre adulaciones y críticas, llenó las revistas y diarios de la época; sus temas musicales se convirtieron en éxitos radiofónicos y se escuchaban en las sinfonolas de los pueblos; sus películas registraban excelentes taquillas, y en los teatros de variedades la gente se aglomeraba en busca de un boleto para verle. Obtuvo fama y fortuna, ayudó monetariamente a los suyos y fundó un estilo histriónico muy imitado en la actualidad por las nacientes figuras del canto y la pantalla.

Aún permanece la melancolía de haberlo perdido un trágico Lunes Santo del 15 de abril de 1957, en un aparatoso accidente aéreo ocurrido en la ciudad de Mérida, Yucatán. Fue afanosa la tarea de identificar su cadáver, casi reducido a cenizas, entre esa mezcla de hierro retorcido, fuego y humo. En una caja metálica, sellada a la mirada de los curiosos, se depositaron sus restos para introducirlos en un ataúd sencillo. Más tarde, se le cambió a un féretro gris metálico para homenajearlo en el Teatro Jorge Negrete y sepultarlo en el Panteón Jardín. 

Como suele suceder en la mitología social, le han visto vivo. Algunos aseguraban que no falleció, sino que decidió ocultarse porque tenía diversos problemas en su vida:

“Como enfrentaba la demanda de bigamia por divorciarse ilegítimamente de María Luisa León, prefirió abandonar todo. Él no quería terminar en la cárcel, por eso fingió su muerte. Sus abogados se lo recomendaron…  

 

“Lo que pasa es que andaba de romance con la mujer de un presidente de la época y lo mandaron matar. Pero los gatilleros se compadecieron de él, pues lo admiraban. Por eso lo golpearon y lo metieron de reo a las Islas Marías. Debido al maltrato perdió la memoria y  no sabía quién era, pero ya cuando lo recordó, regresó a cantar. Ahora usa otro nombre, porque sabe que hay gente que lo quiere ver muerto…

 

“Yo sé que él quedó desfigurado y se ocultó en una cueva, allá en Oaxaca. No deseaba que lo vieran así, pues hubiera sido un duro golpe para sus admiradores. Por eso, se dio por muerto. Mi tío lo conoció y platicó con él…

 

“Él trabajaba en un bar, cantaba sus viejos temas. La gente lo reconocía y le pedía autógrafos, pero nunca quiso decir que era Pedro Infante. Su familia no lo hubiera aceptado y se arriesgaba a ir a prisión por hacerse pasar por muerto…

 

“En internet hay videos de un señor que se parece una barbaridad; es él, no tengan dudas. Si no lo creen, les recomiendo que vayan con un oftalmólogo porque están ciegos. Se mueve como Pedro, canta como él solía hacerlo en las películas; no sean incrédulos…

 

“Un mesero me dijo que atendió a unos señores que habían sido, allá por los años cincuenta, gatilleros de un poderoso político. Me dijeron que Pedrito no murió, pues ellos sabían la verdad, que no lo quisieron asesinar porque eran sus admiradores…

 

“Lo que pasó es que Pedro era traficante de telas, joyas y otras cosas más. Como lo descubrieron lo iban a meter en la prisión, pero como era el artista más querido de México, mejor le dijeron que fingiera su muerte.”

 

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Las leyendas logran vencer el olvido, la muerte, el hastío y la indiferencia. Hoy, a 59 años de su partida, Pedro Infante lleva sobre sí la admiración, el cariño y la devoción que un pueblo le profesa, pues su historia crece y se transforma con el paso del tiempo.

Aún es el trovador de México que conquista con sus canciones; es el hombre sonriente y pícaro que despierta simpatía; es el galán que no envejece en sus películas; es el amigo fiel y justo que está a nuestro lado; es el eterno ídolo de varias generaciones que a los pies de su sepultura le rinden el mejor homenaje que un artista puede merecer: el cariño perpetuo.

¿Cómo va a morir Pedro Infante?, eso es imposible.

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Comments 3
  1. Claudia Zea

    Felicitaciones Jesús! Excelente escrito! Un beso desde Venezuela!

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  2. Ana Lilia. Barrera. Gachuzo

    Felicidades amigo,Jesus Amezcua Castillo,exelente reportaje del gran idolo de Mexico Pedro Infante,no morira mientras viva en los corazones de los Mexicanos..

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  3. Berenice San Agustin Tavera

    En lo particular me gusto la narración, había escuchado de Pedro Infante pero el echo de haber leído esto me dio una buena a explicación de lo que fue su vida.Me gusto e intereso el texto ya que trata de un personaje importante y famoso de hace algunas décadas pero aun permanece en el recuerdo de algunas personas entonces era un ídolo para algunos, era de esperarse pues tuve buenos logros a pesar de quesito vida no fue fácil.

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