Pincelada 45: “Tres instantes… una tradición…”


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Por La Marquesa de Buenavista

PRIMER INSTANTE. Amanece, es Miércoles de Ceniza; los postreros fríos del invierno aún calan en los huesos, como no queriendo irse ante la inminente llegada de la canícula. Dos hombres, ya ancianos, golpean los últimos clavos para que el templete, donde por la tarde se representará “el ahorcado”, resista el peso y los movimientos de los improvisados actores. A unos metros de distancia, los propietarios del Sonido “Sonorámico” han comenzado a instalar sus equipos y los gigantescos bafles que inundarán, con las melodías del momento, todas las calles y casas circunvecinas, en un persistente intento de hacer estallar los tímpanos de los asistentes al evento con que concluyen los cuatro días del tradicional carnaval de El Peñón de los Baños.

En el patio de la casa paterna de “los Caballeros”, los varones vuelven a vestir las coloridas y vistosas indumentarias hechas semanas antes por sus mujeres, o por alguna costurera del rumbo. A través de la puerta abierta de su cuarto, se puede ver a Pedro, el menor de la familia, que con no poco esfuerzo trata de ponerse las medias, digno complemento de la minifalda que ya porta; en su cama aguarda la máscara de satín con la que ocultará su identidad. Cerca, su hermano Tomás, vestido a la usanza de los personajes venecianos, sostiene entre sus manos la máscara de cera, comprada hace cinco años a Doña Adela, ahora ya fallecida, para que con el calor de los primeros rayos del Sol y con la fricción de las yemas de sus dedos, se ablande y pueda amoldarla a su rostro. Mientras, en la cocina, algunas mujeres sirven licor a los músicos contratados en el cercano pueblo de San Juan de Aragón, para que agarren calor y resistan la dura jornada que se avecina.

Algunos niños observan cada movimiento de los adultos, asimilando el ritual en el que ya participan, no obstante sus pocos años; otros tres pequeños corren por el patio: “Somos Caballeros… somos Caballeros…”, repiten sin cesar, imitando los movimientos de las comparsas.

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Es medio día, las cuadrillas, al compás de la música, recorren las sinuosas calles mientras los rayos del Astro Rey caen a plomo sobre los danzantes, amenazando con derretir sus céreas caretas; máscara y hombre constituyen un binomio que transmuta y reinterpreta la realidad; máscara y hombre se funden en ritos propiciatorios para la lluvia, olvidados, en la actualidad, por muchos de los participantes; máscara y hombre tratan de salvaguardar una herencia cultural que pareciera ya caduca, pero que aún sobrevive entre el asfalto y el ruido de nuestra megalópolis; máscara y hombre constituyen un reducto que todavía nos habla de autenticidad, de ritos ancestrales y crípticos, de tierra natal, de olor a raigambre cultural, de tradición, de antepasados que dieron sentido a la vida comunitaria, de pasado y presente, de dolor contenido que aflora violentamente a través de la risa, la música y la danza, de magia, pero sobre todo… de vida.

SEGUNDO INSTANTE. El hombre, de corta estatura y rostro que denota que ya rebasa la madurez, aunque en su pelo sólo se observan algunas canas, con una señal, marcada con el fuete que empuña en su diestra, indica a la banda musical que inicie una pieza musical más.

El sonido de los instrumentos es respondido por la algarabía de los danzantes y por uno que otro disparo de sus mosquetones. Las comparsas, enarbolando los pendones que las identifican (“Caballeros”, “Barrio de los Reyes”, etc.), marcan acompasadamente el ritmo de la melodía, con sus pasos, en una fila que se une en un círculo sin fin, constituyendo el marco ideal para las parejas que, al centro, con vertiginosos giros evocan danzas de fertilidad con sus frotamientos eróticos, con sus sudores, con su lascivia.

Al momento que la banda musical deja escuchar los acordes que son caros para los danzantes, es el detonador para que la euforia se acreciente: los gritos y los disparos aumentan en volumen y frecuencia, mientras que el público, absorto ante la comunión hombre-música, danza-ritual, tácitamente participa en la ceremonia propiciatoria con la que la comunidad dice adiós a lo mundano, a lo carnal, para ingresar, al día siguiente, en el período de introspección que culminará con el sacrificio del Dios-Hombre.

TERCER INSTANTE. Los últimos rayos del Sol se filtran a través de las montañas del occidente; el día está concluyendo. Las sombras, con inevitable exactitud, se van apoderando de cada rincón de la comunidad, mientras que los danzantes, en una interminable columna, corren desaforadamente al tiempo que lanzan gritos y aullidos salidos de las profundidades primigenias; sus rostros, perlados de sudor y ya despojados de las caretas, gesticulan como queriendo asirse a una tradición cambiante que se niega a morir. El sacrificio anual del “ahorcado” ya se ha consumado y ha lavado las culpas de los participantes, quienes desde lo más recóndito de su ser, lanzan gritos primigenios ajenos a todo raciocinio.

Los espíritus ancestrales y la tradición carnavalesca se guarecen en los oscuros rincones de las modestas viviendas. Los rostros petrificados de las máscaras vuelven a mirar al vacío incierto del mañana; los vestuarios que evocan a catrines, a damas, a seres fantásticos, a status social superior, y que por un breve tiempo permitieron a los hombres acceder al paraíso perdido, donde se olvidan los problemas cotidianos, regresan al ropero, conservando sus olores de transpiración y pobreza. El ciclo del rito anual concluye, renovado y fortalecido; permanecerá latente esperando cualquier oportunidad para manifestarse y seguir aglutinando a la comunidad en torno a sus valores tradicionales. … El futuro cultural está garantizado una vez más.

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(Hasta el próximo viernes)

 

Referencia fotográfica: www.youtube.com

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Comments 5
  1. Maria Isabel Escamilla y Guerrero

    Ahora si mi apreciada, y poco conocida en algunos círculos literarios “se voló la barda” me hizo no el día sino todo el mes con su “cuento” que no lo es, porque es la más bella descripción de la tradición comunitaria de uno de los barrios más antiguos de la Ciudad de México
    Mis más emotivas felicitaciones y espero nos siga deleitando con sus “cuentos” que son la descripción de algunos estratos de nuestra sociedad
    Felicitaciones a la Bombilla por tener tan magnificos colaboradores

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  2. Anette Maján

    es una bonita redaccion de una nita tradicion de unos de los tantos lugares en mexico me gusto mucho.

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  3. Barreto González Ameyalli.

    Muy buena, habla de una tradición muy conocida en México. Te mantiene atento a lo que quiere dar a conocer.

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  4. 2°B(Radiologia) Muñoz Mata Deyna Lizbeth

    Muñoz Mata Deyna Lizbeth 2°B Radiología
    A mi la lectura me pareció muy interesante ya que te dice una tradición de México muy conocida ?

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  5. 2°B(Radiologia Mariam Marlen Hernandez

    Ami me pareció muy interesante y entretenida ya que ye narra toda la tradición muy conocida de México

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